30 diciembre 2011

En la corriente de pensamiento convencional, la democracia y la dictadura se yuxtaponen como sistemas mutuamente exclusivos. Se suele suponer que si un sistema cae es reemplazado por el otro, como si este fuera el orden natural de las cosas. Algunos te¨®ricos, como Francis Fukuyama, aducen que la democracia liberal derrot¨® definitivamente a la tiran¨ªa con la ca¨ªda de la Uni¨®n Sovi¨¦tica, que marc¨® el "fin de la historia". En efecto, desde entonces, si bien se han producido reveses en pa¨ªses como Ucrania y Zimbabwe, la dictadura se ha visto en retirada.

La oleada de cambios m¨¢s espectacular ha sido la Primavera ?rabe, con la destituci¨®n de hombres fuertes en ?frica Septentrional y el Oriente Medio desde enero de 2011. De manera menos espectacular, varios pa¨ªses del ?frica Subsahariana tambi¨¦n avanzaron progresivamente hacia el orden democr¨¢tico durante el ¨²ltimo decenio. Seg¨²n el n¨²mero de The Economist de fecha 1 de octubre de 2011, desde 1991 los votantes han separado del poder a 30 partidos o l¨ªderes del ?frica Subsahariana. Los resultados han sido diversos y en ocasiones ha sobrevenido la violencia, pero la acci¨®n pol¨ªtica de base, y no el poder¨ªo militar ni los asesinatos, se est¨¢ revelando como el m¨¦todo primario para sacar del poder a dirigentes impopulares.

No obstante, a menudo los Estados pasan por per¨ªodos fugaces de reforma democr¨¢tica que no se materializa plenamente, o se mantienen en un equilibrio precario durante largos per¨ªodos. Myanmar es un ejemplo de democracia frustrada por espacio de medio siglo. Los militares dirigieron el pa¨ªs desde 1962, y la actual junta se hizo del poder desde 1988, cuando reprimi¨® violentamente un movimiento pro democracia. En 2011 se estableci¨® un gobierno civil dominado por los mismos l¨ªderes militares o exmilitares. Se adoptaron varias medidas positivas, entre ellas dar m¨¢s libertad a Daw Aung San Suu Kyi, la popular l¨ªder de la oposici¨®n que gan¨® las elecciones de 1990. El Gobierno redujo tambi¨¦n las limitaciones impuestas a los medios de comunicaci¨®n e Internet, suspendi¨® la construcci¨®n de una pol¨¦mica presa hidroel¨¦ctrica apoyada por China, y puso en libertad a m¨¢s de 200 prisioneros pol¨ªticos en octubre de 2011. Estas medidas son alentadoras, pero a Myanmar le queda mucho por hacer. Todav¨ªa es uno de los pa¨ªses m¨¢s cerrados del mundo, donde el ej¨¦rcito sigue reprimiendo a las minor¨ªas ¨¦tnicas, el principal partido de la oposici¨®n estuvo proscrito hasta noviembre de 2011, y cientos de prisioneros pol¨ªticos languidecen en la c¨¢rcel.

Nigeria es un ejemplo de pa¨ªs con perspectivas de democracia. Se celebraron elecciones fidedignas en 2011, las primeras desde el regreso al r¨¦gimen civil en 1999, y el resultado fue la hist¨®rica llegad al poder de un presidente de un grupo ¨¦tnico minoritario. Y sin embargo, este singular acontecimiento que fue justamente aclamado a escala mundial no cambi¨® en lo fundamental el sistema pol¨ªtico. Existe una prensa vibrante, una sociedad civil cada vez m¨¢s activa y una poblaci¨®n emprendedora, pero el pa¨ªs enfrenta formidables problemas ¨¦tnicos, religiosos, de fricci¨®n econ¨®mica y de otra ¨ªndole; corrupci¨®n end¨¦mica; una aguda desigualdad econ¨®mica; profundizaci¨®n de la violencia; y una cultura pol¨ªtica dominada por camarillas rivales de exgenerales y magnates comerciales que ejercen su influencia tras bambalinas. As¨ª pues, en tanto que Myanmar sigue siendo un estado autoritario con visos de reforma pol¨ªtica, Nigeria es una democracia electoral con rasgos antidemocr¨¢ticos. En ninguno de estos dos pa¨ªses est¨¢ asegurada la democratizaci¨®n.

RESULTADOS DESIGUALES

En 1989 se generalizaron las esperanzas de transformaci¨®n democr¨¢tica al derrumbarse el Muro de Berl¨ªn. Sin embargo, a¨²n no se ha dictado la sentencia de muerte del autoritarismo en muchas de las capitales de las rep¨²blicas sucesoras surgidas a ra¨ªz de la ca¨ªda de la Uni¨®n Sovi¨¦tica, especialmente en Asia Central. En Rusia, un popular dirigente con antecedentes de la KGB se vali¨® del deseo de su pueblo de que prevalecieran el orden y el orgullo nacional sobre el caos de una oligarqu¨ªa criminal y la p¨¦rdida de la condici¨®n de superpotencia. El resultado fue una "democracia dirigida", que oculta el imperio del autoritarismo con un ropaje democr¨¢tico.

Tambi¨¦n podr¨ªan alcanzarse resultados desiguales en los pa¨ªses del Oriente Medio involucrados en la Primavera ?rabe y en los Estados africanos que luchan con la democratizaci¨®n. En su mayor¨ªa, carecen de experiencia hist¨®rica, bases institucionales y consenso social para llevar a cabo transiciones sin tropiezos. No existen los resultados predeterminados. El liderazgo, el marco cronol¨®gico, los recursos y las circunstancias son diferentes en cada proceso de transici¨®n. Por ejemplo, se han observado resultados positivos en Liberia, pese a las dos guerras civiles en las que se calcula que murieron 250.000 personas. La Presidenta Ellen Johnson Sirleaf, primera mujer africana elegida Jefe de Estado, que fue laureada con el Premio Nobel de la Paz en 2011, consigui¨® evitar la repetici¨®n de los combates, obtener un alivio de la deuda a nivel internacional, atraer la ayuda econ¨®mica y mantener a su pa¨ªs encaminado hacia la democracia desde su elecci¨®n en 2005. Pese a todo, Liberia sigue siendo un Estado fr¨¢gil.

Las elecciones son una parte indispensable de la democratizaci¨®n, pero tambi¨¦n pueden dar lugar a conflictos si se celebran demasiado pronto, se manipulan ostensiblemente, carecen de transparencia o son empa?adas por la violencia. Adem¨¢s, incluso si se celebran eficientemente, pueden dar por resultado cambios de poder que no solo marginen a ¨¦lites poderosas, sino tambi¨¦n a comunidades enteras, creando sectarismo o conflictos ¨¦tnicos. Las elecciones kenyanas de 2007 hicieron ambas cosas.

En Nigeria, la poblaci¨®n norte?a no consider¨® que las elecciones de 2011 fueran libres y justas, como comunicaron la mayor parte de los observadores. En la regi¨®n del norte, la m¨¢s pobre del pa¨ªs, se concentraron mayormente los actos de violencia ocurridos a ra¨ªz de las elecciones en que perdieron la vida cientos de personas, y all¨ª, tal vez no por casualidad, desde la votaci¨®n se ha producido un aumento de incidentes terroristas atribuidos a Boko Haram, un movimiento isl¨¢mico radical.

Puede que las poblaciones vean con desagrado el regreso a los antiguos l¨ªderes autoritarios, pero tampoco desean que contin¨²e la violencia. Por eso, despu¨¦s de un conflicto en gran escala o un cambio revolucionario, suelen recurrir a nuevos hombres fuertes como salvadores capaces de imponer orden sobre el caos, que suele basarse en la pertenencia a clanes, etnias o religiones. Tambi¨¦n existe la tentaci¨®n de optar por soluciones r¨¢pidas, celebrar elecciones anticipadas, presionar a favor de acuerdos constitucionales improvisados, utilizar acuerdos de distribuci¨®n del poder de emergencia o delegar el poder a consejos dirigidos por las fuerzas de seguridad, medidas todas que socavan los cimientos de la democracia.

CONSTRUCCI?N DEL ESTADO

Lo cierto es que el mayor peligro que enfrentan los Estados fr¨¢giles en un proceso de transici¨®n no es el surgimiento de una nueva dictadura, como se suele suponer, ni lo es siquiera el surgimiento de facciones extremistas, que generalmente representan a una minor¨ªa de la poblaci¨®n. Estos resultados son posibles, pero las mayores amenazas son la guerra civil, el derrumbamiento del Estado, las atrocidades en gran escala, las emergencias humanitarias y una posible divisi¨®n del pa¨ªs.

Una manera de evitar estas situaciones es instituir un proceso intermedio de construcci¨®n del Estado que se concentre no solo en la redacci¨®n de una nueva Constituci¨®n, la celebraci¨®n de elecciones y el establecimiento de las libertades b¨¢sicas, sino tambi¨¦n en la construcci¨®n o reestructuraci¨®n de las instituciones estatales b¨¢sicas: la polic¨ªa, el ej¨¦rcito, la administraci¨®n p¨²blica y las ramas judicial, legislativa y ejecutiva del Gobierno. La construcci¨®n del Estado no se puede relegar como concesi¨®n pol¨ªtica. Es necesario contar con una infraestructura estatal s¨®lida para asegurar la estabilidad a largo plazo, la prestaci¨®n de servicios p¨²blicos, la observancia del estado de derecho y la promoci¨®n de oportunidades econ¨®micas.

Hasta ahora, T¨²nez ha proporcionado el mejor modelo de c¨®mo proceder. Antes de cumplirse un a?o de la partida de su exdirigente autoritario hacia el exilio, T¨²nez pas¨® a ser el primer pa¨ªs de la Primavera ?rabe en el que se celebraron elecciones para una asamblea constituyente encargada de redactar una nueva Constituci¨®n y nombrar un gobierno provisional. La transici¨®n pol¨ªtica gradual y ordenada dar¨¢ tiempo para que la poblaci¨®n conforme la estructura del Gobierno y para que surjan nuevas formaciones pol¨ªticas, incluidos los partidos pol¨ªticos y la sociedad civil. Sobre todo, da al Gobierno provisional la oportunidad para trazar un mapa de ruta hacia el futuro que incluya la manera en que se estructurar¨¢ la transferencia de poder y se establecer¨¢n las instituciones estatales. Sud¨¢frica sigui¨® una v¨ªa similar durante sus cuatro a?os de transici¨®n a una sociedad posterior al apartheid, desde el momento en que se legalizaron los partidos contra el apartheid y se liberaron los prisioneros pol¨ªticos, en 1990, hasta la hist¨®rica elecci¨®n de Nelson Mandela en 1994. Ese per¨ªodo provisional fue crucial para echar los cimientos de una transici¨®n democr¨¢tica pac¨ªfica y duradera. Fue extraordinario el hecho de que no se produjo ninguna intervenci¨®n militar externa, ni, como muchos esperaban, una guerra racial, la ca¨ªda del Estado o un retorno a la violencia pol¨ªtica.

DIRECTRICES PARA LAS PARTES EXTERNAS

La democratizaci¨®n de Estados fr¨¢giles es un proceso complejo que no se puede apresurar ni dar por sentado. Todas las partes deben conocer ciertas realidades. En primer lugar, la democracia instant¨¢nea no existe. No se pueden hacer suposiciones sobre la capacidad de los Estados fr¨¢giles para realizar sus aspiraciones democr¨¢ticas, ni se debe subestimar esa capacidad. Lo importante es que, cualquiera que sea la capacidad del Estado reci¨¦n instituido para transformarse, ese proceso no ocurrir¨¢ de la noche a la ma?ana.

Esto nos lleva a la segunda realidad, a saber, que la vacilaci¨®n, o incluso la reca¨ªda, no son raras. La mayor¨ªa de los Estados que efect¨²an una transici¨®n democr¨¢tica est¨¢n abocados a tareas enormes; la reconstrucci¨®n del Estado, la restauraci¨®n de la cohesi¨®n nacional y la creaci¨®n de un gobierno representativo. Siempre y cuando la tendencia general apunte a una direcci¨®n correcta, cabe esperar reveses en el camino. La volatilidad, y no la estabilidad, es el orden natural de las cosas en la marcha hacia la democracia.

En tercer lugar, se precisa de una inclusi¨®n pol¨ªtica que permita que todas las facciones principales expongan sus opiniones en deliberaciones y debates pol¨ªticos abiertos, y mediante su participaci¨®n pol¨ªtica. Ahora bien, una minor¨ªa de saboteadores podr¨ªa ser destructiva. Por tanto, en los Estados fr¨¢giles que experimentan cambios r¨¢pidos, se debe prohibir que aspiren a cargos p¨²blicos los grupos o individuos que propugnan abiertamente la violencia, utilizan expresiones de odio, mantienen milicias propias o se dedican a pr¨¢cticas il¨ªcitas, y debe hac¨¦rseles comparecer ante la ley para evitar que desencadenen nuevas oleadas de represalia o venganza. Si los antiguos caudillos y elementos influyentes quieren pasar del campo de batalla a la urna electoral, debe permitirse que lo hagan siempre y cuando depongan las armas y se abstengan de conservar ej¨¦rcitos privados en reserva por si pierden las elecciones. En estos casos la comunidad internacional puede prestar una asistencia vital proporcionando apoyo t¨¦cnico para el desarme, la desmovilizaci¨®n y la reintegraci¨®n de los excombatientes; ayuda jur¨ªdica para instituir el estado de derecho; asistencia financiera para poner en marcha la econom¨ªa; y formaci¨®n de profesionales capaces de dirigir las instituciones estatales con honestidad y eficiencia.

En cuarto lugar, las condiciones deben ser adecuadas para la celebraci¨®n de elecciones, es decir, un entorno seguro que posibilite un proceso adecuado de presentaci¨®n de candidatos, cobertura de los medios de difusi¨®n sin restricciones, campa?as amplias y abiertas de los candidatos y participaci¨®n de los ciudadanos sin intimidaci¨®n. Debe haber transparencia electoral, supervisi¨®n independiente y un personal electoral bien preparado y supervisado por una comisi¨®n de personas respetadas, con suficiente autoridad y recursos financieros para afrontar los retos log¨ªsticos de una votaci¨®n de alcance nacional que suele durar varios d¨ªas y celebrarse en zonas remotas y en condiciones meteorol¨®gicas extremas. Aunque pueda parecer contradictorio, las elecciones no son la piedra angular ni el elemento m¨¢s importante de una transici¨®n democr¨¢tica, sino solo el primer paso. Las verdaderas pruebas tienen lugar en las elecciones segunda y tercera, y en las subsiguientes, cuando el poder se transfiere pac¨ªficamente de un partido a otro.

EN BUSCA DE ±¬ÁÏÍø EQUILIBRIO

A los 84 a?os de edad, Beji Caid Essebsi, el Primer Ministro de T¨²nez durante el per¨ªodo de transici¨®n, enfrent¨® una serie de protestas tras el derrocamiento del dictador depuesto Zine el-Abidine Ben Ali, en las que los tunecinos exig¨ªan empleos, salarios y el castigo inmediato de los exdirigentes. No siempre fue claro que la transici¨®n estar¨ªa exenta de dificultades. Essebsi resumi¨® as¨ª el dilema que ¨¦l y otros dirigentes del Oriente Medio y ?frica enfrentan hoy: "A veces los proponentes de la libertad plantean demandas que escapan a la l¨®gica, y es m¨¢s dif¨ªcil proteger la libertad de los mismos que la proponen que de los enemigos". "Cuando un hambriento pide comida se le da solo la que necesita", observ¨® Essebsi para describir su enfoque gradual. "No se le da m¨¢s porque podr¨ªa morir".

Essebsi parece estar diciendo que el colapso de la tiran¨ªa no es el final de la historia, sino solo el comienzo. La democracia mal dirigida, o instaurada con excesiva rapidez, podr¨ªa acabar con la libertad naciente, mientras que la democracia demorada, o instaurada con excesiva lentitud, podr¨ªa dar lugar a una nueva dictadura o inspirar nuevas insurrecciones.

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